Poner límites a los hijos sin caer en chantajes

Poner límites a los hijos sin caer en chantajes

Intentar poner límites nos podría hacer irnos a alguno de los dos extremos, y ninguno son buenos: ser muy ‘blandas’ o ser muy ‘duras’.

Educar a los hijos es una de las tareas y responsabilidades más grandes de ser mamá. ¿Y quién nos enseña?, ¿cómo sabemos si estamos en lo correcto?, ¿cómo poner límites?

Poner límites es uno de los problemas que más nos puede dar vueltas a la cabeza, sobre todo cuando tenemos hijos pequeños y están comenzando a explorar el mundo, o bien, cuando les llega la adolescencia.

Algunas mujeres tienen miedo a hacerlo porque podría parecer que son personas ‘duras’ y hasta ‘malas madres’; otras, en cambio, permiten que sus hijos hagan lo que quieran para que no lloren o estén tranquilos. 

Pero ni una ni la otra, la clave es hacer un balance: no dejar que se ‘pasen de la raya’ y darles gusto a todos sus deseos, pero tampoco castigar y prohibir. 

Aunque aplicar esto en el día a día es complicado, la realidad es que es necesario, ya que de no hacerlo podría perjudicarlos en sus actitudes cuando sean mayores.

La psicóloga Silvia Álava escribió en su libro “Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron” que al vivir en una sociedad donde hay normas y reglas, si de niños no nos enseñaron a poner límites, tendremos problemas para relacionarnos con otras personas en el futuro.

En Mission Moms te vamos a dar seis consejos que podrías incluir en tu crianza para enseñarle a tus hijos qué no y que sí deben de hacer.

Toma en cuenta su edad

Es obvio que un niño de dos años no entiende ni tiene la misma capacidad motriz que uno de cuatro. Ponle obligaciones y reglas que sean capaces de hacer bien y ellos no se sientan frustrados por pedirles de más y no poder, o de menos y con ganas de hacer más.

Por ejemplo: un niño entre dos y tres años puede recoger sus juguetes y comer solo; uno entre cuatro y cinco, vestirse solo y darle de comer a la mascota. En esta tabla te puedes dar idea de algunas otras tareas que podrías comenzar a aplicar.

Sé clara

Ten paciencia y toma en cuenta el punto de arriba, explicales de acuerdo a su edad y si no entienden busca diferentes formas y ¡hazlo de nuevo!

Otro punto muy importante es evitar ambigüedades, no generalices, pues a veces ni los mismos adultos entendemos. Un ejemplo podría aplicarse en el tiempo que ven televisión: no le digas “solo un ratito”; di “solo una hora” o de “5 a 6 de la tarde». 

niña pintando con acuarelas

Firmeza, no castigo

Como lo mencionamos arriba, no tienes que ser permisiva, pero tampoco exigente, puedes poner límites con cariño y haciéndole saber que quien manda eres tú.

Tienes que tomar en cuenta que si no se respetan las reglas, habrá consecuencias y estas deben ser informadas a tu hijo. Si un día una norma no se cumple, lleva a cabo el acuerdo y no flaquees, ya que para el niño puede ser señal de que su comportamiento no tiene consecuencias. 

En este punto también toma en cuenta que no debe haber regaños. A veces nuestros hijos podrían ponerse en su plan de necesidad y tendrás que estar preparada; no te enojes, controla la emoción y desde antes hazte a la idea de que podrá haber fallos, sobre todo las primeras veces.

Sin culpas al poner límites

¿Te sientes mal por qué tu hijo ya se enojó y no te quiere hablar? Sentirse culpable es dejarte llevar por las emociones. Tienes que mantener el control.

Como muchos comportamientos y decisiones en la vida, el profesor del instituto de Barcelona y asesor de familias con problemas de conducta, Francisco Castaño, publicó en su libro “La mejor versión de tu hijo” aconseja que pienses “con la cabeza fría”, no dejes que el corazón te dicte todo el tiempo que debes de hacer.

De hecho, si nuestros hijos se dan cuenta que a pesar de las advertencias no actuamos, podrían aplicar el chantaje emocional, pues sabrán que al final cederás a sus deseos con tal de evitar verlos enojados o tristes.

Recuerda que las sanciones son en beneficio de tus pequeños.

niño llorando

No lo etiquetes

Si hay fallos (que seguro habrá), no califiques a tu hijo de “tonto”, “flojo” o “malo”, ya que estas descripciones podrán perjudicarle en su atuestima y cómo se miran a sí mismos. 

Cuando haga algo que no esté correcto, califica la acción, no a la persona. Por ejemplo: si no quiere recoger sus juguetes, no le digas “FLOJO”.

Sé asertiva al poner límites

Al igual que las descripciones negativas, también hay que evitar las frases que tengan la palabra “no”, ya que al niño le puede quedar claro que no se hace, pero no le quedará claro cómo sí hacerlo.

En lugar de decirles: “no se debe comer en el sillón”, mejor cambia a “se debe comer en la mesa”.

Intentar poner límites nos podría hacer irnos a alguno de los dos extremos, y ninguno son buenos: ser muy ‘blandas’ o ser muy ‘duras’.
mamá e hijo comiendo helado

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